Sábado, 17:40
Mi hermana llegó con el bebé. Un año y dos meses. Se soltó de la mesa, cruzó la sala con esos pasitos de pato y dijo «agua» señalando mi vaso. Todos aplaudieron. Yo aplaudí más fuerte que nadie, para que no se notara. Mi hijo tiene tres años y estaba en mi falda, con la cabeza apoyada en mi pecho, mirando. Le besé el pelo. Después fui al baño, abrí la llave para que no se oyera, y lloré con la mano en la boca. Salí con la cara lavada. Nadie preguntó.



