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Guías

Señas para bebés y niños que aún no hablan: cómo empezar

Una guía práctica para darle a tu hijo una forma de pedir y contarte cosas antes de que lleguen las palabras, sin miedo a frenar el habla.

Por Kerry, mamá de Uriel y fundadora de VerbaKids·22 de octubre de 2026·11 min de lectura
Ilustración: Señas para bebés y niños que aún no hablan: cómo empezar

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Hubo una época, antes de la primera palabra de Uriel, en que nuestras tardes terminaban igual: él llorando frente al refrigerador abierto y yo sacando cosas como concursante de un programa de premios. ¿Agua? ¿Plátano? ¿El yogur? Él no podía decírmelo y yo no podía adivinarlo. La frustración era de los dos, y la mía venía con culpa de regalo.

Lo primero que nos destrabó no fue una palabra. Fue una seña. Una tarde juntó las puntas de los dedos de las dos manos —«más»— mientras comía plátano, y yo entendí dos cosas a la vez: que me estaba hablando, y que llevaba meses esperando que yo le diera una forma de hacerlo.

Las señas para bebés y niños que aún no hablan son gestos simples —más, agua, comer, dormir— que el adulto hace siempre junto a la palabra hablada, nunca en su lugar. Le dan al niño una forma de pedir y de comentar antes de poder pronunciar, y lo que muestra la investigación disponible es que no retrasan el habla: la acompañan.

A esto se le llama comunicación bimodal: usar la palabra hablada y la seña al mismo tiempo, de modo que el niño recibe el mismo mensaje por dos canales a la vez, lo oye y lo ve. En esta guía te cuento por dónde empezamos nosotros, cuáles son las primeras señas que de verdad sirven y cómo modelarlas sin agregar una tarea más a tu día.

«¿Y no va a hablar menos si le doy señas?»: desarmemos eso primero

Es el miedo más común, y es razonable: si mi hijo puede pedir agua con la mano, ¿para qué se va a esforzar en decirla? Pero la lógica real va al revés. Hablar es una de las tareas motoras más difíciles que existen: coordinar respiración, lengua, labios y voz en fracciones de segundo. Señar es muchísimo más simple. Cuando le das a un niño una forma de comunicarse que sí puede ejecutar hoy, se frustra menos, pide más y se queda más rato dentro de la conversación. Y la conversación es exactamente el lugar donde se aprende a hablar.

En síndrome de Down esto está especialmente estudiado. Down Syndrome Education lleva décadas documentando el desarrollo del lenguaje en estos niños, y lo que describe es que los que usan señas las van soltando solos a medida que la palabra hablada se les vuelve más fácil que el gesto. Nadie se queda «pegado» en la seña por comodidad: cuando hablar cuesta menos que señar, el niño habla.

Una seña no compite con la palabra. Le guarda el asiento mientras la palabra llega.

Si quieres revisar en detalle qué dicen los estudios sobre la comunicación por señas en retraso del lenguaje y otros sistemas aumentativos, escribí un artículo completo sobre si la comunicación aumentativa retrasa el habla. La respuesta corta, según lo que he leído: el peso de la evidencia apunta a que no.

Las 10 primeras señas básicas para empezar a comunicarse

El criterio para elegirlas no es cuáles son más tiernas, sino cuáles resuelven frustración real todos los días. Una buena primera seña cumple una regla: la palabra le tiene que importar a él, no a ti. «Más» destrabó nuestras tardes; «por favor» no le habría servido de nada.

  1. Más: juntar las puntas de los dedos de ambas manos. La reina de las primeras señas, porque sirve para comida, juego, cosquillas y canciones.
  2. Agua: tocar el mentón o la boca con los dedos, como llevando un vaso. Resuelve la escena del refrigerador.
  3. Comer: llevar la mano con los dedos juntos hacia la boca. Fácil de distinguir y se usa varias veces al día.
  4. Dormir: la palma junto a la mejilla, con la cabeza un poco inclinada. Sirve además para anticipar la rutina de la noche.
  5. Mamá: tocarse la mejilla o el pecho, según la seña que elijas. Nombrar a las personas importantes también es comunicar.
  6. Papá: similar, en otra posición (frente o mentón), para que se distinga claramente de mamá.
  7. Terminado / se acabó: girar las palmas hacia afuera. Oro puro: le permite decir «no quiero más» sin tirar el plato al suelo.
  8. Ayuda: una palma empujando el puño hacia arriba. Convierte el grito frente al frasco que no abre en una petición.
  9. Leche (o su bebida de siempre): abrir y cerrar el puño, como ordeñando. Si la pide diez veces al día, merece seña propia.
  10. Dame / quiero: la mano extendida que se cierra hacia el cuerpo. Es la seña comodín para todo lo que aún no tiene nombre.

Un detalle práctico: puedes tomar estas señas de la lengua de señas de tu país (en Chile, la LSCh) o adaptarlas a lo que a tu hijo le salga de las manos. Lo único innegociable es que toda la familia use exactamente la misma seña para la misma palabra. Una seña distinta por adulto es ruido, no comunicación.

Cómo empezar con las señas para bebés y niños que aún no hablan, paso a paso

Nada de esto requiere sesiones especiales ni material. Se teje dentro de lo que ya haces cada día. Así lo armamos nosotros:

  1. Elige 3 señas, no 10. Una de pedir (más), una de necesidad (agua o comer) y una de cierre (terminado). Las demás llegan después.
  2. Di la palabra y haz la seña al mismo tiempo, siempre. «¿Quieres más?» con la seña de más. Nunca la seña en silencio: el objetivo final sigue siendo el habla, y la palabra tiene que sonar cada vez.
  3. Hazlo en el momento real, no en ensayo. La seña de agua se enseña cuando tiene sed, con el vaso delante. Fuera de contexto es solo gimnasia de manos.
  4. Usa la pausa expectante. Muestra el plátano, haz la seña, di la palabra… y espera cinco segundos mirándolo con cara de pregunta. Esa pausa incómoda es donde ocurre el aprendizaje.
  5. Acepta cualquier aproximación. Si su «más» es un aplauso chueco, es un «más» válido. Responde de inmediato dándole más, y sigue modelando tú la versión correcta.
  6. Moldea sus manos solo si lo tolera. Con suavidad, guiando desde atrás de sus manos, y nunca a la fuerza. Si se incomoda, suelta: modelar tú mil veces vale más que forzar una.

El error más común que veo (y que cometí): convertirlo en clase. «Uriel, mira: a-gua», con la seña en el aire, lejos de cualquier vaso. Un niño pequeño aprende las palabras pegadas a lo que le importa en ese segundo. La seña funciona cuando viaja dentro de la vida, no encima de ella.

La constancia pesa más que la técnica

Te aviso desde ya para que no te desanimes: entre que tú empiezas a modelar una seña y tu hijo la produce pueden pasar semanas, a veces meses. Eso no significa que no esté pasando nada. La comprensión siempre va por delante de la producción: primero entiende la seña, bastante después la hace. Down21 describe esta misma asimetría en el lenguaje de los niños con síndrome de Down: comprenden bastante más de lo que pueden expresar, y por eso conviene alimentar la entrada sin exigir la salida.

Dos trucos que a nosotros nos sostuvieron la constancia:

  • Ancla cada seña a una rutina fija. Más y terminado viven en las comidas, agua después del parque, dormir en la noche. La rutina se encarga de recordártelo; no necesitas fuerza de voluntad extra.
  • Un papel en el refrigerador con las 3 señas de la semana, dibujadas como salga. No es para el niño: es para que la abuela, el papá y la tía usen la misma seña que tú.

Si tu hijo tiene síndrome de Down o autismo

Esta guía está pensada para cualquier niño que todavía no dice palabras claras, con o sin diagnóstico, pero el puente a los diagnósticos es directo.

En síndrome de Down, las señas no son un plan B: son parte del camino habitual. Estos niños suelen aprender mejor por el canal visual que por el auditivo, así que una seña que se ve les llega con más claridad que una palabra que solo suena. Con Uriel, las señas fueron el puente entre entender y poder decir, y las fue dejando él solo a medida que llegaron las palabras, tal como describe la literatura.

En autismo, las señas para niños con autismo no verbal son una opción dentro de un menú más amplio de comunicación alternativa para niños que no hablan: fotos, pictogramas, gestos, señalar. Algunos niños con TEA imitan poco los movimientos de manos y avanzan mejor señalando imágenes; otros adoptan las señas sin problema. Dos cosas importan aquí: no le exijas mirarte a los ojos mientras señas (basta con que la seña entre en su campo visual) y sigue su interés, porque la primera seña útil es la del objeto que él ama, no la que trae el manual.

El fonoaudiólogo no es el plan B: es el copiloto

Todo lo de arriba se puede empezar hoy en casa, y a la vez nada de esto reemplaza una evaluación profesional. Si tu hijo tiene más de 2 años y todavía no dice palabras, o algo te hace ruido aunque tenga menos, pide hora con un fonoaudiólogo (logopeda, según el país). No es exagerar: es llegar antes.

Y si ya están en terapia, lleva tu lista: qué señas usa, cuáles entiende, en qué contextos aparecen. Ese registro casero vale oro para el profesional, y les permite acordar un mismo sistema entre la casa y la consulta, que es cuando esto avanza de verdad.

Las manos primero, las palabras después

Hoy el refrigerador de mi casa ya no es escenario de concurso. Uriel pide, cierra, rechaza y comenta, a veces con palabras y a veces todavía con las manos. La seña de «más» fue nuestra primera conversación, y ninguna palabra que vino después la borró.

Las señas trabajan la salida: le dan a tu hijo una forma de decir. En casa nosotros trabajamos también la entrada, y para eso en VerbaKids elegimos la lectura perceptiva global y el aprendizaje sin error: una sesión guiada de pocos minutos al día que va de las imágenes a las palabras y de las palabras a las frases, con las fotos de su propia familia, narrada por la propia app y sin nada que imprimir ni preparar. Lo elegimos porque cabe en el día de una familia que ya hace terapias, señas y todo lo demás. Puedes ver cómo funciona VerbaKids o probar VerbaKids 7 días gratis, y si te quedan dudas con las señas, escríbeme a hola@verbakids.com.

¿Cuál sería la primera seña de tu hijo? Piensa en lo que más pide llorando. Ahí está la respuesta.

Preguntas frecuentes

¿Es verdad que enseñar señas retrasa el habla de mi bebé?
No es lo que muestra la investigación disponible. Cuando la seña se hace siempre junto a la palabra hablada, el niño recibe el mensaje por dos canales y participa más en la conversación, que es donde se aprende a hablar. Lo que se describe en síndrome de Down, por ejemplo, es que los niños abandonan las señas por sí solos cuando hablar se les vuelve más fácil que señar.
¿A qué edad puedo empezar a enseñarle señas a mi hijo?
Puedes empezar a modelarlas desde los 6-8 meses, aunque el niño las produzca bastante después. Y si tu hijo tiene 2 o 3 años y aún no habla, no llegaste tarde: a esa edad entiende mucho más y algunos niños adoptan sus primeras señas en pocas semanas. Modela hoy las tres más útiles para su día y sostén la rutina.
Llevo semanas haciéndole la seña y no la repite, ¿estoy haciendo algo mal?
Probablemente no. La comprensión va siempre por delante de la producción: primero entiende la seña, mucho después la hace. Revisa tres cosas: que la hagas en el momento real (con el vaso delante, no en ensayo), que la palabra le importe a él y que toda la familia use la misma seña. Si la preocupación sigue, coméntalo con el fonoaudiólogo.
¿Tengo que aprender lengua de señas completa para enseñarle a mi hijo?
No. Para empezar bastan entre 3 y 10 señas funcionales: más, agua, comer, terminado. Puedes tomarlas de la lengua de señas de tu país o adaptarlas a lo que a tu hijo le salga de las manos. Lo único innegociable es que todos los adultos de la casa usen exactamente la misma seña para la misma palabra.
¿Sirven las señas para un niño con autismo que no habla?
Pueden servir, pero son una opción dentro de un menú más amplio. Algunos niños con TEA imitan poco los movimientos de manos y avanzan mejor con fotos o pictogramas; otros adoptan las señas sin problema. Pruébalas siguiendo su interés, sin exigirle que te mire a los ojos, y define el sistema junto al fonoaudiólogo que lo atiende.
¿Cuántas señas le enseño a la vez?
Tres. Una de pedir (más), una de necesidad (agua o comer) y una de cierre (terminado). Cuando use una de forma consistente —aunque sea una aproximación chueca—, agrega la siguiente. Pocas señas usadas mil veces al día valen más que diez mostradas de vez en cuando.
Mi hijo entiende todo pero no habla, ¿le sirven las señas?
Es justamente el perfil al que más le sirven: tiene mucho que decir y ningún canal para sacarlo, y ahí vive la frustración. Las señas le dan una salida hoy mientras el habla madura. De todos modos, un niño que entiende mucho y no produce palabras pasados los 2 años merece una evaluación fonoaudiológica: no es exagerar, es llegar antes.

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