Método Monfort: ejercicios en casa para síndrome de Down
Qué son Monfort y Juárez, por qué encaja con el síndrome de Down y cómo aplicar sus ejercicios de lenguaje en casa sin ser terapeuta.

La primera vez que escuché la palabra “Monfort” fue en la sala de espera de la fonoaudióloga de Uriel. Otra mamá la soltó como si todas supiéramos de qué hablaba: “a nosotros nos están haciendo Monfort”. Yo asentí —ese gesto de fingir que entiendes para no quedar mal— y esa misma noche, a las dos de la mañana, terminé buscando “método Monfort ejercicios en casa síndrome de Down” con Uriel dormido al lado.
Lo que encontré era casi todo para profesionales: libros de logopedia, manuales caros, papers en inglés. Nada que me dijera, en cristiano, qué podía hacer yo —una mamá, no una terapeuta— al día siguiente en la cocina. Así que después de meses leyendo, preguntando y probando con Uriel, escribí el artículo que me habría gustado encontrar esa noche.
El método Monfort es un enfoque de estimulación del lenguaje creado por el logopeda Marc Monfort y la psicóloga Adoración Juárez. En lugar de “corregir” al niño, trabaja la comunicación dentro de situaciones cotidianas, se apoya en gestos y consiste, en buena parte, en repetir bien lo que el niño dice mal. En casa se aplica con juego, rutinas y conversación, no con fichas de examen.
Qué es el método Monfort, sin tecnicismos
Detrás del apellido hay dos personas reales. Marc Monfort es un logopeda que durante décadas trabajó con niños con dificultades del lenguaje en su centro Entender y Hablar, en Madrid. Adoración Juárez es psicóloga y trabajó con él. Juntos escribieron material que hoy usan medio mundo hispanohablante: El niño que habla, Estimulación del lenguaje oral y libros sobre pragmática y comprensión como En la mente.
Si tuviera que resumirlo en una frase para explicárselo a mi mamá, diría esto: el método Monfort es un sistema de intervención del lenguaje que parte de la comunicación natural —no de ejercicios sueltos— y usa apoyos visuales y gestuales para que el niño entienda antes de producir.
Originalmente, el programa Monfort y Juárez se diseñó pensando en niños con trastornos del lenguaje (lo que antes se llamaba disfasia). Con el tiempo se aplicó a muchos perfiles, incluido el síndrome de Down y el retraso del lenguaje en general. Por eso si lo buscas vas a ver de todo: “programa Monfort Juárez niños”, “actividades Monfort para niños pequeños”, “método Monfort retraso del lenguaje”. Es el mismo enfoque, adaptado.
Quiero ser honesta desde el principio: no soy fonoaudióloga. Soy la mamá de Uriel, que tiene tres años y síndrome de Down, y lo que te cuento aquí es lo que entendí leyendo y aplicando en casa. Si quieres saber quién soy y por qué hago esto, te lo cuento en esta página sobre mí. Para lo clínico, tu fono es tu fono. Para el día a día, somos nosotras.
Por qué Monfort encaja tan bien con el síndrome de Down
Hay una característica del lenguaje en el síndrome de Down que conviene entender antes de mover un dedo: la comprensión suele ir por delante de la expresión. Es decir, nuestros hijos entienden bastante más de lo que pueden decir. La Fundación Iberoamericana Down21 describe bien este desfase entre lo que el niño comprende y lo que logra producir.
Esto no es un detalle menor. La investigación de Down Syndrome Education apunta, según mi entendimiento, a que el lenguaje expresivo es una de las áreas más afectadas en el síndrome de Down, mientras que la comprensión y la memoria visual suelen estar comparativamente más conservadas.
¿Por qué importa para Monfort? Porque Monfort hace exactamente eso: trabaja la entrada (lo que el niño recibe y entiende) y le da apoyos visuales y gestuales para que la salida no dependa solo de la palabra hablada. Es un método que se apoya en las fortalezas que muchos niños con síndrome de Down sí tienen.
Con Uriel lo vi clarísimo. A los dos años entendía “dame”, “ven”, “zapatos”, “agua”, decenas de palabras. Pero decía cinco. Ese desfase me angustiaba hasta que entendí que era esperable, y que había cosas concretas para hacer. Si tu hijo entiende pero no habla todavía, te dejé escrito todo un artículo sobre qué hacer cuando tu hijo con síndrome de Down no habla.
Los dos modos de trabajar el lenguaje según Monfort
Monfort distingue, a grandes rasgos, entre dos formas de estimular. Te las explico como las entiendo yo.
La primera es la estimulación funcional: aprovechar la vida diaria. El baño, la comida, vestirse, ir al supermercado. No hay material, no hay hora fija, no hay “sesión”. Hay conversación con intención. Esta es la que más peso tiene en casa, y es gratis.
La segunda es la estimulación reforzada o formal: momentos más estructurados, con objetos, imágenes o juegos pensados para trabajar algo puntual. Es la que más se parece a lo que hace una fono en su box, y la que cuesta más replicar bien sin formación.
Mi consejo de mamá: si recién empiezas, vuélcate en la funcional. Es la que sostiene todo lo demás y la que no se te va a romper si un día estás cansada.
El niño no habla para complacernos. Habla porque tiene algo que decir y alguien dispuesto a escucharlo. Para mí, ese es el corazón de Monfort.
Método Monfort: ejercicios en casa para síndrome de Down
Acá viene lo concreto. Estos son los ejercicios Monfort en casa que más usé con Uriel y que mejor entendí cómo funcionan. No son “sesiones”: son maneras de estar con tu hijo. Te las ordeno, pero en la práctica se mezclan todas.
1. Dale motivos para hablar (el “sabotaje” amable)
Si todo está resuelto, el niño no necesita comunicar. La idea de Monfort es crear pequeñas situaciones donde valga la pena pedir.
- Pones su juguete favorito a la vista pero fuera de alcance, y esperas.
- Le das dos galletas en vez de cuatro, para que pida más.
- Le ofreces el zapato equivocado, a propósito, y miras qué hace.
No es maldad, es darle la oportunidad de comunicar. Con Uriel, ponerle el agua en la mesa pero sin abrir la botella hizo que apareciera su primer “aba” pidiendo. Esperé. Esperar es la mitad del ejercicio.
2. Repite bien lo que dijo mal (feedback correctivo)
Esta es la técnica que más me cambió la casa, y le dedico una sección entera más abajo. En corto: cuando Uriel dice “aba”, yo no le digo “se dice agua, repite”. Le digo, contenta: “Sí, agua, ¿quieres agua?”. Le devuelvo la palabra correcta dentro de una respuesta real. A esto se le llama feedback correctivo o recast.
3. Añade una palabra más (expansión)
Cuando el niño dice algo, tú lo repites y le sumas un poquito. Es la técnica de la expansión.
Uriel dice “perro”. Yo: “perro grande”. O “el perro corre”. Si dice “perro grande”, yo: “el perro grande corre”. Le muestro el siguiente escalón sin pedirle que lo repita. La clave es que sea un escalón, no una escalera entera.
4. Acompaña las palabras con gestos (comunicación bimodal)
Monfort y Juárez desarrollaron también un programa de comunicación bimodal: hablar y, al mismo tiempo, hacer un gesto o seña sencilla para las palabras clave. “Comer” con la mano a la boca, “más” juntando los dedos, “agua”. Hablas normal, pero acompañas.
El gesto le da al niño una vía de salida mientras la palabra hablada todavía no llega. Reduce muchísimo la frustración. Vuelvo sobre esto más abajo porque sé que despierta el miedo de “¿y si después no quiere hablar?”.
5. Habla de lo que están haciendo (lenguaje paralelo)
Mientras lo bañas, narras: “agua calentita, ahora el jabón, las manos, los pies”. Mientras comes, narras. No esperas respuesta: estás llenando su mundo de lenguaje conectado a lo que ve y siente. Es lo que Monfort llama lenguaje envolvente, y es la estimulación del lenguaje más fácil de sostener todos los días.
6. Cuentos cortos, muchas veces
Un cuento de tres páginas, repetido cien veces, vale más que diez cuentos vistos una vez. La repetición es amiga del síndrome de Down. Señala, nombra, espera, deja que él complete. Con Uriel, el mismo libro de animales fue durante meses nuestro mejor ejercicio.
El feedback correctivo: la técnica que más cambió mi casa
Quiero detenerme aquí porque es la que más me costó incorporar y la que más diferencia hizo.
Antes, cuando Uriel decía “ato” por gato, mi instinto era corregir: “No, se dice GA-TO, di gato”. Tono de profesora. Lo que conseguía era que se cerrara. Dejaba de intentar. Y con razón: ¿quién quiere hablar si cada palabra es un examen?
El feedback correctivo le da vuelta a eso. Tú no corriges: tú confirmas y modelas. Él dice “ato”, tú respondes con naturalidad “¡sí, un gato!”. Le mostraste la palabra bien, le diste la razón, y no lo pusiste a prueba. Lo escucha bien dicho una y otra vez, sin presión, y un día sale.
No es magia y no es inmediato. Pero el cambio de clima en casa fue inmediato. Pasamos de “practicar” a conversar. Y conversar es, al final, de lo que se trata todo esto.
“¿Y si los gestos hacen que no hable?” — el miedo del bimodal
Este miedo me lo escribieron tres mamás distintas la semana pasada, así que vamos a hablarlo derecho.
La preocupación es lógica: si le doy señas, ¿no se va a acomodar y no va a necesitar hablar? Lo que he leído sugiere lo contrario. La comunicación bimodal se usa como puente, no como reemplazo: el gesto siempre va junto a la palabra hablada, nunca en lugar de ella. Y se asocia con menos frustración y más intentos de comunicar, no con menos.
Piénsalo así: cuando tu hijo logra pedir “más” con un gesto y tú le respondes con la palabra, acabas de tener un intercambio comunicativo completo. Esa experiencia de “comunico y me entienden” es justo lo que lo motiva a seguir. El gesto suele irse solo cuando la palabra ocupa su lugar.
Dicho esto, no afirmo que funcione igual en todos los niños. Por eso conviene que tu fono te oriente sobre qué señas y cuándo. Pero el miedo de que el gesto “frene” el habla no encaja con lo que muestra la práctica.
Hablar y leer se sostienen mutuamente
Acá hay algo que tardé en entender y que conecta dos mundos que yo creía separados. En el síndrome de Down, donde la memoria visual suele ser una fortaleza, la lectura puede convertirse en un apoyo para el lenguaje oral, no solo en una meta posterior.
Esa es la base del método de María Victoria Troncoso, que trabaja la lectura temprana con palabras enteras. Si te interesa cómo el aprendizaje lector puede reforzar el habla, te dejé un artículo dedicado al método Troncoso. La idea corta: ver la palabra escrita ancla el sonido y el significado, y eso ayuda a producir. Hablar y leer no compiten; se dan la mano.
Si lo tuyo ahora es el día a día del lenguaje hablado, tengo una guía completa de cómo estimular el lenguaje en casa que se complementa bien con todo esto.
Los errores que cometí al principio
Para que no pierdas los meses que perdí yo:
- Bombardear con preguntas. “¿Qué es esto? ¿Y esto? ¿De qué color es?”. Convertía el juego en un interrogatorio. Uriel se desconectaba. Mejor comentar que preguntar.
- Corregir con tono de examen. Ya lo conté. Mata las ganas de hablar.
- Hablar por él. Adelantarme y darle lo que quería antes de que intentara pedir. Le quitaba la oportunidad. Aprender a esperar dos segundos eternos fue mi mayor avance.
- Abandonar a la semana. Empezaba con todo el lunes y para el jueves ya lo había soltado. La estimulación del lenguaje con el método Monfort funciona porque está metida en la rutina, no porque sea intensa tres días.
Cuándo Monfort en casa y cuándo necesitas a la fono
Quiero ser muy clara: aplicar el método Monfort en casa no reemplaza la terapia. La acompaña. Tú haces el trabajo de fondo —las miles de horas de conversación que ningún profesional puede darle en cuarenta minutos a la semana—, y la fono dirige, evalúa y ajusta.
La atención temprana profesional se asocia con mejores resultados en comunicación y desarrollo, algo en lo que insiste Down España al hablar del rol de las familias y los equipos. No es uno o lo otro: es los dos.
Conviene consultar con un profesional si notas que tu hijo no responde a su nombre, no comparte la atención contigo (no sigue tu mirada ni señala para mostrarte cosas), o si a ti el desfase te genera dudas concretas. Si quieres una guía sobre los tiempos, escribí sobre el retraso del lenguaje y cuándo preocuparse.
Por dónde empezar mañana
Esa noche, a las dos de la mañana, lo que yo necesitaba no era entender la teoría completa de Monfort y Juárez. Necesitaba una sola cosa que pudiera hacer en el desayuno. Así que si llegaste hasta acá agotada, quédate con esto: mañana, en una rutina cualquiera, repite bien una palabra que tu hijo diga mal y súmale una más. Eso es Monfort. El resto se construye encima de ese gesto pequeñito.
Estamos preparando dentro de VerbaKids una herramienta basada en el método Monfort para acompañarte paso a paso en casa, con las actividades organizadas por etapa. Si quieres que te avisemos cuando esté lista, puedes anotarte en la lista de espera del método Monfort. Y si tienes dudas concretas con tu hijo, escríbeme a hola@verbakids.com; leo todo.
¿Cuál de estos ejercicios crees que encaja con tu hijo esta semana? A veces basta elegir uno y dejar el resto para después.
Preguntas frecuentes
¿Qué es exactamente el método Monfort?
¿Puedo aplicar el método Monfort en casa sin ser fonoaudióloga?
¿A qué edad puedo empezar con los ejercicios Monfort?
¿El método Monfort sirve si mi hijo con síndrome de Down aún no habla?
¿Los gestos del bimodal harán que mi hijo no quiera hablar?
¿En qué se diferencia Monfort del método Doman o Troncoso?
¿Cuánto tiempo al día debería dedicarle a los ejercicios Monfort?
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Sé lo que se siente intentarlo sola. Por eso construí esto.
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